.- La inoperatividad y la mediocridad han hecho presa a los partidos políticos

.- Se requiere la conformación de una oposición alternativa de participación social

Por: SAUL HERNANDEZ

FINALMENTE YA se dieron las constancias de mayoría y el trabajo del árbitro electoral quedó demostrado que vale la pena, por la rapidez de las cuentas y por el hecho de haber respondido a las expectativas en ese rubro para con la sociedad, no así la autoridad que fue permisible en materia de inseguridad, porque tales campañas estuvieron manchadas de sangre y de temor social, sobre todo en el día de la elección; con todo hemos traspasado un momento más y ha quedado en el registro la nueva geografía política, donde los ganadores tendrán que refrendar sus dichos y, los perdedores, tendrán que trabajar más.

En esta pasada elección casi vimos de todo, sobre todo que no hemos perdido nuestra capacidad de asombro y eso es bueno, porque entonces podrán venir cosas que serán siempre interesantes observar.

Con la nueva conformación política tenemos que tres partidos perdieron su registro, que al parecer no buscaron de manera afanosa, porque sus candidatos poco pudieron hacer para interesar a la sociedad, ello sólo demuestra que no saben ni tampoco están a la altura de las circunstancias, que es más probable y, otra que quizá intentaron obtener un bien que nunca vieron a través de dichos partidos, que los recursos no le dieron para más, lo peor de todo es que a esos muchos candidatos tampoco les surgieron las ideas y tan sólo fueron por un golpe de suerte.

Hemos insistido que la sociedad requiere partidos políticos fuertes y comprometidos y no negocios para unos cuantos, como lo han venido haciendo.

La tarea para muchos es harta en el futuro inmediato.

Así tuvimos una organización social disfrazada de partido político como lo es Morena, que ahora tiene ese reto de fincarse dentro de un ejercicio de identidad interna con una administración y política ideológica que le permita trascender y dejar de ser tan sólo un movimiento endulzado desde el púlpito presidencial, en la medida que lo logre podría trascender y capitalizar lo obtenido, así como de capacitarse y demostrar ese interés de servicio a la ciudadanía y no sólo un momento de gloria en la moda de lo que ahora sirve y mañana, quizá ya no, pero eso lo tendrá la sociedad en la mira, hasta el momento cuenta con esa suerte de confiabilidad, cuánto les durará, no lo sabemos, lo que sí es que debe de fincarse con fuerza para ser una alternativa de participación social y de cambio, tal y como lo ha pedido la sociedad.

Por otro lado tuvimos un experimento digno de las más oscuras perversiones de la cultura política mexicana que cual alebrije pretendió ilusionar a la sociedad, pero que en ese esfuerzo de unidad y de conformación tuvo su gran perdida, ya que al interior sólo hubo un gen preponderante y ese fue el Partido Acción Nacional que se levanta como el claro beneficiario de dicha mescolanza, teniendo una ganancia a río revuelto y que lo posiciona como segunda fuerza política, pero además con una pieza quizá clave de empuje para caminar rumbo a la gubernatura en la entidad, por lo menos con mayor fuerza en una candidatura y que seguramente seguirá alimentando.

El PRI sigue a la baja, sigue esperando que se le reconozca lo hecho para intentar resurgir de las cenizas y eso sólo sucede cuando alguien se muere, quizá sea el caso, porque el mayor reconocimiento es cuando ya no se está y en este caso por ahora, el gran perdedor es el padre y madre de todos los bienes y males como lo es el tricolor, que sin duda tiene una gran tarea por delante, primero el de reconocerse que ha ido a la baja; segundo, que necesita un doble esfuerzo de todos sus activos, pero sobre todo una renovación de dirigencia y una reingeniería en su conformación ideológica y de acción, volver a las bases con hechos y no con palabras, porque es así como se obtiene la calificación social, modernizarse, ser vanguardista y dejar a un lado los viejos moldes, pero sobre todo, las viejas mañas que a nadie sorprende, ya sabemos qué conejos traen debajo del sombrero y lo peor es que han sido derrotados con sus mismas armas e inclusive minimizados. Alejandra del Moral ya nada tiene qué hacer en la dirigencia del tricolor estatal, porque ahora a puesto contra la pared al gobernador Alfredo del Mazo, que tiene el gran reto de refrendar al PRI en la entidad o bien la parte histórica, nada amable, de entregarlo a otra fuerza política.

Otro que está en la orilla y que al parecer requiere cirugía mayor es el Partido del Sol Azteca, que ha sido relegado a una cuarta fuerza y que se ha convertido en partido remora, por lo que entonces es menester trabajar de manera intensa, seguir siendo alternativa de participación y que se recupere en la atención a la sociedad, que se pueda sacudir los esquemas copiados y empiece a tener una personalidad propia, sólo de esa manera podrá alcanzar los niveles que en algún momento tuvo.

Tras estos experimentos, sólo queda pensar que las coaliciones, más que demostrar una fuerza y unión de esfuerzos y trabajo deja entrever la incapacidad de poder sostenerse sólo o de poder ser alternativa de posicionamiento social.

Por su parte el partido Verde y Movimiento Ciudadano, así como del Trabajo y Nueva Alianza dejan en claro que sólo se atienden en lo particular, como negocio de aquellos que se ostentan como sus dueños y que sólo aprovechan su momento por no poder alcanzar una figura propia, ni tampoco ser parte de una condición de participación social efectiva y sí sólo alimentan el bien de unos cuantos, donde no hay un seguimiento ni tampoco un futuro efectivo, ni mucho menos una alternativa de gobernanza, que es lo peor.

Tras la caída del priísmo de las elites del gobierno, éste los ha arrastrado a la ignominia de ni siquiera para ser alternativa de oposición, no hay partidos de oposición y no es por el hecho de querer verlos ser contrincantes sólo en el acto de divisionismo como lo han hecho otros, sino una oposición congruente, real, efectiva, crítica y con capacidad de autocrítica que debe ser vital para el cambio y estar a la vanguardia de las necesidades y de cambio constantes de una sociedad que requiere respuestas para dejar atrás los conceptos de mediocridad en la que nos han enterrado por ese grado de confiabilidad y de esperar a que otros hagan lo que por nosotros mismos debemos hacer, es decir, la participación social será clave para que esos partidos puedan ser parte de ese cambio en todos los sentidos, pero deben ser éstos los que motiven a la población ha hacerlo, de otra forma será complicado.

Hoy ese es el gran reto de los partidos y sus actores políticos, si es que en realidad creen o piensan que la sociedad debe tener esa alternativa de participación.

Y ya dije.