EL SER Y LA NADA

Por: Fernando Lira Flores 

MÉXICO. Hacia una democracia representativa o hacia una democracia participativa… esa es la cuestión

Hoy, en este artículo del Ser y la Nada, reflexionamos posterior a la consulta que se llevó a cabo el pasado 10 de abril 2022 respecto de la revocación de mandato y debemos visualizar el futuro del país con relación de ir hacia una democracia participativa o quedarnos en una democracia representativa.

El término democracia como algunos conocemos y en términos muy simples es la resultante de dos vocablos que en su conjunto refieren al poder del pueblo. Y se ha dado a interpretar como el gobierno o poder del pueblo o como el gobierno por y para el pueblo.

De aquí deriva la cuestión: ¿qué requerimos en México?

Por un lado, la democracia representativa es la que se otorga a la partidocracia y que goza de la confianza y representatividad del poder electoral y que no requiere ser responsable ante sus electores, sino ante el poder mismo.

Ésta se manifiesta como, una falta de comportamiento de participación ciudadana en los procesos decisionales; así como también en la insuficiencia de una cultura representativa comprometida a estos procesos de decisión ciudadana, la cual sería la primigenia cooperación activa del pueblo en las decisiones.

Durante muchos cientos de años, México ha vivido a partir de este tipo de democracia representativa, apelando a lo que indica Kelsen (1979: 337) “La democracia significa que la voluntad representada en el orden legal del Estado es idéntica a las voluntades de sus súbditos”

Por otro lado, la democracia participativa implica una pseudo liberación como lo indica Lijphart en sus modelos de democracia (2000; 13) “un gobierno del pueblo, hecho para el pueblo, por el pueblo y responsable ante el pueblo”

Y considerando la constitución política de los Estados Unidos Mexicanos podemos indicar que: en el artículo 3º constitucional se indica que será democrática -no solo la educación- sino la república misma como una estructura jurídica y un régimen político fundado en un sistema de vida en constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo, y que además dispone de un criterio que oriente a la educación de tipo democrática.

En términos simples esto sería: la democracia participativa es comprendida como una forma de Estado, una forma de gobierno, una forma de vida y un orden económico y social.

Repensando y retomando las ideas de Jean Jacques Rousseau podemos indicar que: “Si hubiera un pueblo de dioses, se gobernaría democráticamente, pero no conviene a los hombres un gobierno tan perfecto.” Como nos lo han hecho ver en algunos sexenios pasados.

El día 10 de abril en el evento de revocación de mandato, se ha abierto la puerta a reconocer que el conjunto de problemas planteados por un modelo partidista -representativo en este caso-, se había considerado como la panacea del gobierno mexicano -antaño-, por el principio de soberanía popular, entendido éste por el conjunto de ciudadanos que gozan de derechos políticos y que pueden, por consiguiente, participar de un modo u otro en la constitución de la voluntad política colectiva limitado a las decisiones de los gobernantes “representantes del pueblo”

Ahora bien, ¿por qué el cambio hacia una democracia participativa o no?

Con lo anterior queda la posibilidad de utilizar mecanismos democráticos y constitucionales para rendición de cuentas de los gobiernos como el plebiscito, la revocación de mandato y consulta popular; que antaño quedaban a expensas de la partidocracia, no así de la democracia propiamente dicha que en su conjunto.

Esto ha quitado el velo de los ojos de nosotros los ciudadanos, para no apegarnos a la partidocracia e ideología insertada por la misma hacia el pueblo.

Con lo anterior, podemos indicar que, la democracia participativa se está abriendo en México actual -y espero a futuro-, para que el sistema democrático no sea hegemónico, autoritario, acultural y ante todo no sea cuestión de los políticos sino del pueblo en sí.

Hoy y en adelante, el sistema partidocrático se enfrentará a una nueva o renovada democracia de rendición de cuentas, de revocación de mandato, de plebiscitos y de decisiones del pueblo para el pueblo.

No obstante, la democracia representativa se enfrentará a un cambio ideológico del propio pueblo, para participar más y mejor en estas decisiones de gobierno en donde debemos -como ciudadanos- informarnos y participar de las decisiones del o los gobiernos que ostentan el poder por nuestro voto.

En nuestra constitución se dan los lineamientos para lograr esta democracia participativa a partir del artículo 40 que ostenta las bases de la consulta y la democratización participativa.

Entonces… ¿Qué vamos a hacer? ¿cómo vamos a actuar? Y, ¿cómo queremos tener nuestra democracia? Representativa o participativa… he ahí el dilema.

Yo solo sé que nada sé.

Hasta el siguiente comentario del Ser y la Nada.

*Administrador de Baldemart y Asociados S.C. y docente desde bachillerato hasta posgrados en diversas instituciones educativas públicas y privadas.