.– María del Rosario Ibarra de la Garza, mejor conocida como Rosario Ibarra de Piedra, nació en el año de 1927 en la ciudad de Saltillo, Sonora, falleció este sábado; fue pionera de los movimientos de búsqueda de personas desaparecidas tras la desaparición forzada en 1974 de su hijo Jesús Piedra Ibarra acusado de ser integrante de la Liga 23 de Septiembre.

CDMX.- Uno de los hechos más notorios en su vida es que fue la primera mujer candidata a la Presidencia de la República en 1982 y 1988 por el extinto Partido Revolucionario de los Trabajadores. 

Sin embargo, ante el triunfo de Carlos Salinas de Gortari en 1988 se unió al sector político que acusó un fraude electoral.

Pese a lo anterior, el hecho que marcó su vida fue la desaparición forzada de su hijo Jesús Piedra Ibarra, acusado de ser presunto guerrillero del grupo conocido como “Liga 23 de septiembre” quien, en 1974, con solo 19 años, fue detenido de manera ilegal en Monterrey por agentes policiales que lo entregaron a elementos del ejército.

Fue debido a este suceso que Ibarra de Piedra comenzó su lucha como activista fundando en 1977 el Comité Pro Defensa de Presos, Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos, que sería reconocido como el Comité ¡Eureka!

Esta organización se encargó de exigir justicia y un alto a la impunidad de delitos cometidos durante los sexenios de Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría, organizando a madres y padres buscadores en lucha.

Según la propia CNDH, desde su creación este Comité ha logrado la ubicación de más de 148 personas y justamente a este movimiento se le atribuye la famosa frase de lucha social “¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!”.

Derivado de esta misma lucha social fue que en 1978 el presidente José López Portillo decidió promulgar la Ley de Amnistía, que puso en libertad a mil 500 presos políticos, permitiendo el regreso de 57 exiliados al país.

De igual manera, Ibarra de Piedra es reconocida por ser una de las promotoras de las reformas constitucionales y legales a favor de los derechos humanos en México y en contra de la tortura y desaparición forzada. 

Debido a esta labor fue candidata al Premio Nobel de la Paz en los años de 1986, 1987, 1989 y 2006.

En 2019, a sus 92 años, el Senado de la República aprobó otorgarle la Medalla de Honor Belisario Domínguez, como un reconocimiento por su labor como activista y defensora de los derechos humanos por más de cuatro décadas, medalla que dejó en custodia del presidente Andrés Manuel López Obrador hasta esclarecer las desapariciones del país.